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Hablar de la familia Rovira es hablar, como a ellos les gusta remarcar, de una manera de ser, de una manera de vivir. En fin, de una filosofía que han sabido llevar a la práctica hasta sus últimos extremos convirtiendo la explotación familiar de Sant Andreu de Sagàs (Berguedà, Catalunya), en un auténtico entorno de producción rural autosuficiente donde tienen cabida distintas actividades asociadas al campo que permiten mantener a toda una familia de 3 generaciones. Hay palabras que definen muy bien lo que hacen Dolors, Carme, Núria, Marta, Lluís, Miquel, Jordi y Oriol: “Cerrando círculos”. Con esta expresión, resumen esta filosofía, esta manera de hacer según las tradiciones y el saber hacer artesano, que empieza con el cultivo de los campos, algo sin el cual perderían la esencia de lo que son: una familia payesa. Cultivan, por una parte, forraje para elaborar pienso en el molino situado en la misma masía y, por otra, productos de la huerta. Con el pienso que elaboran y otros forrajes nobles alimentan los cerdos, terneros, pulardas y capones que crían en la misma explotación con un objetivo claro: criar animales sanos, equilibrados y con un potencial de alto valor gustativo. Estos viven en un entorno relajado y envidiable, procurando siempre reducir los niveles de estrés y son alimentados de la mejor manera posible, hechos que acaban mejorando considerablemente el gusto, aroma y textura de su carne. Todo ello se puede comprobar en todos los productos que comercializan, unos productos que, una vez consumidos, cierran el círculo que los Rovira habían empezado con tanta ilusión y coherencia. Los embutidos Cal Rovira son la mejor prueba de ello.