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Los inicios de la Miel de Gratallops se remontan a 2002, cuando Salvador Sorroche empezó esta afición como un pasatiempo. Un vecino mayor del pueblo de Gratallops, una localidad pequeña de 150 habitantes en el corazón del Priorat (Catalunya), le dio dos colmenas que le sobraban y le inició en el mundo de la apicultura. El año siguiente adquirió dos más, al cabo de poco 50 más, y después de recibir ayuda y consejos de otros apicultores decidió convertir aquel pasatiempo en una fuente de ingresos familiar. Gracias a varias ayudas a los payeses por parte de la Generalitat de Catalunya, crearon las actuales instalaciones de elaboración y obtuvieron el permiso sanitario para comercializar el producto. Con todo a punto, empezaron a elaborar mieles naturales y artesanas, colocando las colmenas en diferentes puntos de la geografía del Priorat durante los meses de invierno y primavera, y en el Pirineo, en verano, para conseguir mieles tan variadas como de romero, tomillo, Cap d’Ase (parecida a la lavanda), almendro, cerezo, encina y mil flores, entre otras. Durante el proceso de elaboración, no se someten las mieles a ningún proceso de calentamiento ni se mezclan las variedades para ofrecer una miel pura y con toda su riqueza organoléptica. Así mismo, las abejas se alimentan exclusivamente con la miel que ellas mismas producen, y en ningún caso se les da glucosa para evitar que consuman su propia miel. Durante estos años de existencia, han seguido incrementando el número de colmenas, llegando a las 500, y han complementado la elaboración de la miel con servicios de polinización y trashumancia muy valorados por los payeses.