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En Mas Farró, en pleno centro del Valle de Bianya, en la Garrotxa (Catalunya), vive la familia Puigdevall desde hace muchas generaciones. Una prueba de ello es la inscripción que podemos leer en la entrada de su casa, fechada ya en 1733, pero lo más probable es que ya existiera mucho antes de que la grabaran. Esta familia se ha dedicado durante todos estos años al cultivo de los campos que rodean la casa familiar, así como al ganado, el cual ha terminado por convertirse en la principal fuente de ingresos ya que, con la leche cruda de las ovejas y cabras que crían, Casimir Puigdevall y su madre elaboran excelentes y reconocidos quesos desde los inicios de la década del 2000. El éxito de éstos no ha sido casualidad, pues en todo momento eran conscientes que sin una leche llena de aroma, sabor y matices y un proceso de elaboración artesanal no se podía elaborar un queso diferenciado y con personalidad. Este último objetivo lo llevan a cabo siguiendo los procesos de elaboración del queso artesano pirenaico. Y para conseguir el primero, crían y alimentan un rebaño de 300 ovejas en la granja y 100 cabras malagueñas que pastan por el bosque con toda libertad. Precisamente este hecho hace que el sabor de la leche cambie según la época del año, ya que en función de lo que se da de comer a las ovejas y lo que encuentran las cabras en el bosque, la leche tiene un sabor u otro bien diferente. Aunque esto podría suponer un inconveniente para algunas queserías que siempre quieren ofrecer un producto homogéneo, en este caso significa un auténtico reconocimiento al producto artesano y una aceptación de su variabilidad debida a la temporalidad. Algo que no nos tiene que asustar sino acercarnos a la realidad de la naturaleza y del campo.