restaurante-petit-pau

Precio medio: 45€
Cocina: de mercado
Ideal para: íntimo, pareja
Ubicación: Barcelona – Sants
 
933 313 275
C/ de l’Espanya Industrial, 22. 08014 Barcelona
www.petitpau.cat

DESTACADO

  • Tal como indica su nombre (petit significa pequeño en catalán), el restaurante es realmente pequeño. Sólo tiene seis mesas y bastante solicitadas, así que conviene reservar con antelación. Antes de llamar, consultar su web los horarios de atención. Sólo abren por las noches.
  • La carta también es “pequeña”: 6 primeros, 6 segundos, postres, 2 vinos tintos, 2 vinos blancos y cava. Todos ellos excelentes. Un reduccionismo gastronómico y simplicidad que se agradecen frente las cartas sobrecargadas de tantos establecimientos.
  • La cocina es de mercado, por lo tanto, algunos platos de la carta van cambiando a lo largo del año. Una buena excusa para repetir la experiencia.
  • Pau, propietario y maestro de ceremonias en la sala, os hará sentir como en casa. Se nota su estima por la profesión. Si os gusta charlar, tirarle la lengua.




Una gran alma en un pequeño restaurante

 

El concepto pequeño es relativo. Significado que uno aprende a reflexionar cuando se predispone a entender la experiencia gastronómica vivida en el Petit Pau. Es relativo porque sólo se entiende si lo comparamos con otro sujeto. Una comparación que sólo nos podemos atrever a realizar si, antes de nada, definimos el alcance de lo que entendemos por pequeño. Si lo que queremos apreciar es el espacio físico en el que se produce dicha experiencia, efectivamente, el Petit Pau es pequeño. Sólo 6 mesas, 16 sillas contadas y una cocina medio vista de reducidas dimensiones separada de los comensales por una antigua barra de bar transformada en un magistral pase de cocina y mesa de trabajo. Nadie diría a priori que este acogedor y cálido restaurante fue en el pasado un bar de barrio de toda la vida. Probablemente muchas de las historias de sus clientes habituales han quedado grabadas en las paredes y han contribuido, sin quererlo, a crear la magia que tiene actualmente. Sea por su pasado de tertulias mundanas, la sencillez meditada de su decoración o la paz que respira, el hecho es que en cuanto cruzamos la puerta del Petit Pau quedamos impactados por su alma inconfundible y agradable. Hecho que invita a reflexionar, pero mejor dejarlo para más adelante.

 

Si analizamos la extensión de su carta, también podemos afirmar con rotundidad que es pequeña. No por el tamaño físico de la misma, de hecho está impresa en el formato estándar que muchos otros restaurantes utilizan para mostrar sus creaciones, sino por su brevedad en lo que respecta la oferta gastronómica: 6 primeros y 6 segundos complementados por menos postres y vinos. El primer impacto es sobrecogedor. Se hace extraño, más en estos días que corren en los que muchos establecimientos tienden a sobrecargar las cartas para, aparentemente, resultar más atractivos a los estómagos de los comensales. Tanta abundancia a menudo acaba mareando y llevando, indefectiblemente, a elegir erróneamente. Algo de lo que sólo somos conscientes a posteriori y que nos deja con la incógnita de si hubiéramos disfrutado más con otra elección. Quizás la intención de los ávidos restauradores es que volvamos en otra ocasión para pedir lo que no pedimos. Quizás lo único que consiguan es que no volvamos. Por este motivo, contrastan cartas como la del Petit Pau, breves, concisas, reduccionistas. Esenciales. Cartas donde resulta casi imposible equivocarse porque, elijamos lo que elijamos, la elección final habrá sido previamente contrastada y validada por un buen puñado de comensales. El único inconveniente de cartas como esta es la monotonía, la cual es fácil de vencer, y eso lo tienen muy claro el Petit Pau, trabajando con una cocina de mercado con producto de temporada.

 

La palabra pequeño, por lo contrario, contrasta con el nivel de la cocina que se elabora en el Petit Pau, mayúscula y reflexionada. Una propuesta honesta y sincera del tándem formado por Pau y Marc que huye de las elaboraciones complicadas enmascaradas detrás de nombres indescifrables. Los platos que sigilosamente elabora Marc y sirve con la misma delicadeza Pau son lo que son y lo que se espera. Producto de calidad excelente trabajado con una técnica depurada. Acompañamientos que acompañan, matices que matizan. En ningún caso, el acompañamiento o el matiz releva el protagonismo que el ingrediente principal se merece. Los primeros están muy bien equilibrados y, aparte de las almejas con boletus, quizás el plato más longevo de la carta y demandado por la clientela, se suele encontrar un arroz (siempre al punto exacto de cocción), platos elaborados con verduras y de otros con producto de temporada. En el capítulo de los segundos ofrecen 3 pescados y 3 carnes diferentes que pueden ir cambiando también según la temporada. 6 opciones que refuerzan el equilibrio de la propuesta gastronómica y que, incluso, pueden parecer muchas en el momento de tener que renunciar a todas ellas menos una. Los postres mantienen la esencia del Petit Pau: pocas y acertadas opciones, incluido un pequeño, en este caso sí, carro de queso. La mejor manera para terminar una gran comida.

 

La pequeñez del establecimiento y la carta todavía se hace más pequeña al ponerla al lado del alma de Pau, propietario y alma mater junto con Marc del Petit Pau. Ambos se conocieron hace ya más de 12 años y desde 2013 emprendieron este nuevo proyecto. No fue fruto de un capricho de Pau. Fue resultado de casi 20 años de dedicación al mundo de la cocina, después de estudiar 1 año en la escuela Hofmann de Barcelona, ​​hizo varias estancias en reconocidos restaurantes como el Dorado Petit, el Celler de Can Roca y el Via Veneto y pasar por Italia, Alemania y Corea del Sur trabajando de cocinero. De tanto viajar decidió volver a Barcelona, ​​al barrio de Sants, para montar su propio restaurante y así fue como terminó involucrando a Marc y encontrando un bar de toda la vida que estaba en traspaso y en el que se ubica actualmente el Petit Pau. Después de tanto movimiento y, sobre todo, después de su etapa por Alemania en la que tenía que cocinar para 100 personas mañana y tarde en un barco que circulaba por el Mar del Norte, se entiende que Pau necesitara un poco de tranquilidad y buscara un lugar pequeño donde poder transmitir su manera de entender la cocina. Y esta vez desde la sala, lugar de contacto directo con el cliente, donde Pau puede percibir inmediatamente la reacción de los comensales a los platos que salen de la cocina, hablar con ellos, entenderlos, compartir la experiencia. Unas sensaciones que cualquier restaurante con vocación gastronómica debería palpar incentivando a los clientes a expresarse y que, desgraciadamente, no ocurre tan a menudo. La separación, tanto física como vivencial, entre la sala y cocina en el Petit Pau es prácticamente inexistente gracias al propio Pau, quien se encarga de transmitir su pasión cada vez que explica los platos y cuando tiene la oportunidad de intercambiar cuatro palabras. La mejor manera para continuar asegurando una experiencia gastronómica mayúscula.

 

Summary
product image
Aggregate Rating
5 based on 1 votes
Brand Name
Petit Pau
Price
EUR 45