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En el pueblo de Ossera (Alt Urgell, Catalunya), Núria elabora deliciosas mermeladas artesanas. Un pueblecito singular del Pirineo leridano realmente peculiar. Compuesto por un conjunto de casas de piedra, alineadas siguiendo la cima alargada del monte, respira paz, tranquilidad y, sobre todo, creatividad. Algo que seguro percibieron algunas personas que repoblaron el lugar a principios de la década de los 80, después que éste quedara prácticamente deshabitado, y que ha terminado por dar forma al pueblo tal como lo conocemos hoy. No es raro, pues, que en una casa se ubique una quesería, en otra un herbolario, un apicultor, un escultor, un pintor o una elaboradora de mermeladas. Una mezcla que enriquece el pueblo y le otorga parte del encanto que tiene. Por tanto, la historia de la mermelada Cal Casal empieza a principios de la década de los 80, cuando Núria Rosell abandonó Barcelona y se trasladó a vivir a Ossera. Allí hizo todos los trabajos que se podían hacer en un pueblo rural: desde trabajar en el campo hasta realizar el transporte escolar durante muchos años. Y durante todo este tiempo, cuando tenía momentos para ella, se dedicaba a una de sus pasiones: elaborar mermeladas artesanas para los amigos y la familia. No fue hasta años más tarde que sus propios amigos de Ossera la animaron a convertir su pasión en su principal fuente de ingresos, dejando todos los otros trabajos atrás y dedicándose sólo a elaborar sus queridas mermeladas que tantas buenas amistades había consolidado.